lunes, 22 de diciembre de 2014

Carta a una amiga de la infancia.

Dicen que los verdaderos amigos se hacen en la infancia, cuando somos tan niños que nos da igual si alguien es rubio, moreno o pelirrojo, si es alto, bajo, delgado o gordo, si va vestido de una manera o de la otra. Pero también es verdad que esos amigos son los más difíciles de mantener, al fin y al cabo según vamos creciendo nuestros gustos y nuestra manera de ver las cosas pueden ser muy distintas de esa persona con la que sólo queríamos jugar hasta que se iba el sol; por eso es tan bonito saber que hay alguien que lleva en tu vida 20 años. ¿Los amigos de la universidad? ¿Del trabajo? Es muy fácil que estén contigo, se supone que a estos te los encuentras recorriendo el mismo camino que has elegido tú, lo importante es esa persona que está en el camino opuesto, pero está.

Y no es sólo el camino, son las piedras. Cuando tienes una amiga que no sólo comparte colegio contigo si no que por suerte, también es tu vecina y baja a tu casa y subes a la suya o la lías por los pasillos y los muñecos vuelan por las escaleras…primera piedra: deja de ser tu vecina, pero vale, sólo tienes que cruzar la calle para seguir compartiendo muñecas y esa casa gigante de la barbie y todavía queda el colegio. Segunda piedra: ya no está cruzando una calle, se aleja un poquito más y tampoco queda el colegio, cada una decide ir a un instituto diferente. Y realmente te das cuenta de que has elegido un camino en el que no ves el suyo y por cosas sin importancia ya no queda nada de ese recorrido que empezaste con ella, y esta es la piedra más grande de todas.

Pero tengo la suerte de haberla vuelto a encontrar por el camino.

Te podía decir todo esto a la cara mientras recordamos mil batallas pero sabes de sobra que siempre se me ha dado mejor escribir que hablar. ¿Sabes? Me he dado cuenta de que estaba en el camino que quería cuando me volví a cruzar contigo, ya sin colegio, sin muñecas,  con ventitantos, tú queriendo estudiar una cosa, yo luchando por otra, tan diferentes que cualquiera que lo vea desde fuera no se creería que somos amigas, 20 años, joder que son 20 años, con nuestras idas y venidas pero aquí estamos que es lo que cuenta. Que puede que tengamos maneras diferentes de ver las cosas pero siempre llegamos a un acuerdo, puede que tu prefieras una noche bailando como loca mientras que yo lo cambiaría todo por una noche de cine,  con gustos tas diversos que tú esperas un concierto de El Barrio mientras yo vuelvo a ser una quinceañera en uno de Dani Martín. Tenemos la suerte de que nada de esto importe.


Por último ballenita, gracias. Por hacer que no importe, por olvidar todo lo malo y volver como si nunca te hubieras ido.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Por el cáncer de mama, por ellas, por ella.

Son unas semanas especiales con monumentos teñidos de rosa y conciertos benéficos para recaudar dinero para la investigación del cáncer de mama. Cualquier homenaje es poco para las que están luchando contra él y para las que ya han ganado la batalla.
Desde la barrera es muy fácil alabar sus ganas de luchar, ver lo fuertes que son, pero vivirlo de cerca...es jodido, desde el momento en el que  se presenta en tu casa para decirte que tiene un bulto en el pecho y le tienen que hacer pruebas y cuando después el médico confirma lo que en el fondo ya sabía: cáncer de mama. Y empiezan sus tópicos: "Lo hemos pillado a tiempo, no pasa nada", "no te preocupes, este cáncer de cura", sí pero sigue siendo un puto cáncer. Y sabes que aparenta estar bien, que no tiene miedo, pero también sabes que llora cuando nadie la ve y se siente pequeña cuando está a punto de convertirse en la más grande.
Y la operación va bien, pero empiezan las sesiones de quimioterapia, una mierda que te deja como si te hubiera pasado por encima un camión, pero ese camión no pudo con esa sonrisa que nos regalaba a los que íbamos a verla. Y es que no es ningún tópico, los que están contigo te ayudan a pasar el bache.
Pero, ¿Sabéis? Nunca olvidaré su cara el día que volvió al trabajo, como el primer día de colegio, o de universidad; era síntoma de que ya estaba curada y ya podía hacer vida normal. No es ninguna mentira que un cáncer te cambia la vida, os juro que nunca la había visto vivir tanto como ahora, con tanta alegría, tanta fuerza y esos viajes con tantas ganas.
Pero estas guerreras os dirán que a parte de estas renovadas ganas de vivir también quedan secuelas, que han ganado, pero han perdido un pecho en la lucha. Hace poco la vi cambiarse de ropa porque no tenía lavada una camiseta para ponerse debajo ya que la que iba a ponerse tenía un poco de escote, para tapar su defecto dijo. ¿Defecto? No campeona, eso no es un defecto eso es como la medalla que le ponen a un militar cuando acaba de ganar una guerra, y eso que llamas defecto es la prueba de que tú has ganado.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Nos han vendido desde niños el cuento del príncipe azul, ese que vive en un castillo, cabalga sobre su caballo, va siempre perfectamente vestido...venga, ¿en serio? Vale, lo reconozco, a mí también me vuelve loca "Pretty Woman" y seguramente mataría para que un tío como Richard Gere subiera por la escalera de incendios con su vértigo en una mano y un ramo de rosas en la otra, pero aún así yo me quedo con la parte en la que ella le salva a él.

Ahora pensad en Disney, sin duda la cuna del príncipe azul, y tenemos ejemplos para aburrir: el príncipe que despierta a Blancanieves después de comer la manzana, el que libera a Aurora del sueño provocado por la rueca o el que rescata a Cenicienta de su madrastra, pero, ¿qué me decís de "la bella y la bestia"? él pierde el encanto cuando la bestia deja paso al príncipe, pero mi favorito es Aladín, precisamente porque no es un príncipe.

El príncipe azul ni es príncipe ni es azul. No vive en un castillo, seguramente viva en un piso en el centro con una terraza donde poder pasar las noches de verano o en una casa a las afueras con un pequeño jardín para tumbarte a ver las estrellas; tampoco vendrá en un caballo, tal vez en un coche de segunda mano con tu música favorita, en moto, o puede que en bici y tampoco va perfectamente vestido, llevará el pelo alborotado, unos vaqueros rotos, unas zapatillas desgastadas y la camiseta de su grupo favorito. Y esto, es mucho mejor que lo que nos han querido vender.

jueves, 10 de julio de 2014

"-Soy el resultado de lo que me hicieron, es un principio básico universal que toda acción tiene una reacción igual y opuesta.
-¿Así es como lo ves? ¿Como una ecuación?
-Lo que me hicieron fue monstruoso.
-Y crearon un monstruo."

Sólo es el diálogo de una película, pero podría no serlo. Podría ser el reflejo de tu vida.
Sí, de la tuya; tú que por una mala experiencia con un grupo de amigos te negaste a dejar de tener conocidos para considerarlos algo más y en realidad al hacer eso puede que sean ellos los que desconfíen de ti.
O tú, que te enamoraste de la sonrisa de aquella chica en el bus o en el metro ¿o fue en aquel avión que deseaste no haber cogido? seguro que lo recuerdas como si fuera ayer, pero en realidad preferirías no hacerlo, porque la recuerdas como la chica que te cortó la respiración con su sonrisa pero a la que dejaste escapar, por cosas del pasado, por orgullo, seguramente porque hechos pasados te han convertido en lo que eres hoy, alguien incapaz de dejar todo lo que pasó de lado por empezar a ser tú mismo de verdad.
O puede que esté hablando de ti, sí, de ti, la que dejó a aquel chico con las rosas en la mano, ese chico con mirada clara, intensa, de esas que te dan la confianza que necesitas para hacer algo, para seguir adelante, una mirada que tú preferías tapar con unas oscuras gafas de sol para no verla, porque sabías que cambiaría todo lo que habías construido a tu alrededor desde aquella mala experiencia con... ¿cómo se llamaba? seguro que tú sí te acuerdas, pero también te acuerdas de cómo se borraba su nombre debajo de esas gafas que tú te empeñabas en ver.

miércoles, 18 de junio de 2014

No hables, actúa.
No digas "te quiero", demuéstralo; cada día es más fácil decirlo, pero demostrarlo ya es otra historia.
No digas "te extraño" si realmente no lo sientes y lo has convertido en una especie de rutina.
No digas "no puedo", demuéstrate a ti mismo que estabas equivocado, levántate e intentalo mil veces, seguramente puedas aunque tardes en conseguirlo.
No digas "no" si quieres decir "sí", no digas "sí" cuando la respuesta es "no"; y no, no estoy hablando de una boda sino de esos momentos en los que te mueres por decir "sí" y tu subconsciente asustado se niega probablemente fruto de las heridas y los golpes del pasado; en cambio un "sí" que en realidad es un "no" es mucho peor, es una mentira más para el que lo recibe que para el que lo da.
La realidad es que hablamos mucho y demostramos poco y ¿No creéis que todo iría mejor si lo hiciéramos al revés?.

lunes, 19 de mayo de 2014

El cariño y el apoyo de unos padres. La familia. Una tarde con amigos sin hacer nada, de esas que te dibujan una sonrisa enorme en la cara cuando las recuerdas días después. Un mensaje de buenos días a las 6 de la mañana. Alguien que te trae una taza de Cola Cao calentito mientras estudias. Una película en la que la peli no importa, sino con quien la compartes. Una visita sorpresa. Una mirada que lo dice todo, que te da fuerza antes de un momento importante. La complicidad de una sonrisa. 
Una lista de detalles que podría ocupar mil hojas. Y en realidad todos estos pequeños detalles son los que le dan sentido a la vida, no las cosas materiales que tanto parecen importar a la gente. Pueden parecer insignificantes día a día, y seguramente la primera vez que pruebas alguno de ellos ni siquiera te des cuenta de la importancia que tiene, pero según pasa el tiempo... siguen siendo pequeños detalles sí, pero tan pequeños como importantes para sentirte más vivo.

"Que lo pequeño es grande día a día"

lunes, 5 de mayo de 2014

"Chi non sogna non fa sognare" 
El que no sueña no hace soñar. O eso era lo que decía una de las canciones favoritas de su hermana, se la había oído cantar mil veces, pero él no estaba de acuerdo con ello y no entendía cómo esa frase le había calado tanto, hasta el punto de llevarla tatuada en la espalda. Pero ¿él? él era un chico demasiado duro como para permitirse soñar.
Pero nadie es capaz de pasarse la vida pegado a una realidad sin sueños, y eso es lo que le enseñó un viaje en tren en una noche de invierno. El vagón estaba vacío, sólo había una pequeña chica con los cascos puestos metida entre las páginas de un libro; cuando levantó la vista él no puedo evitar sonreir. Ella se levantó y se sentó a su lado, acabaron hablando como si fueran amigos desde siempre, había algo especial en esa chica.
-¿Sabes qué es lo que me gusta de hacer largos viajes en tren? Aislarme con la música y soñar con viajes que nunca haré, a una isla paradisíaca por ejemplo, o con una velada romántica de esas de las películas pero que en realidad nunca se hará realidad, en una casa rural, cenando en el suelo en frente de una chimenea.
-Yo no sueño- no le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación.
-¡Claro que sueñas! Hasta los tipos duros como tú lo hacen. Cierra los ojos, imagina que estás de camino a un concierto de tu grupo favorito, ¿O me vas a decir que tampoco tienes grupo favorito?
-¡Sí tengo!
-Bueno, pues vas de camino, hacia una ciudad que además tiene una playa perfecta para descansar después de pasarte toda la noche cantando y saltando, y allí conoces a una chica que también ha ido sola y..¡esta es mi parada, me tengo que ir, lo siento!
-¡Eh! ¡No puedes irte ahora! ¿qué pasa después?
-No te gustaba soñar, ¿no?
Y así, sin más, la perdió de vista. Y entonces entendió la obsesión de su hermana con aquella frase. Y entendió también que aquella chica soñadora le había contagiado sus ganas de soñar, que tener al lado a una persona con sueños, por muy disparatados que sean, te hace sentirte un poco más vivo. La chica había dejado el libro en el asiento de al lado con una nota dentro: "Si quieres seguir soñando te estaré esperando." y su número de teléfono. Sonrió. Esa chica estaba loca.Y decidió que los tipos duros como él también podían soñar, pero primero buscaría una playa paradisíaca con una casa estilo rural, y cenaría con ella, en el suelo, frente a la chimenea.

lunes, 28 de abril de 2014

Hace tiempo leí que hay una fina línea que separa el hecho de tropezar dos veces con la misma piedra y el volverse piedra. Lo sabemos todos, el hombre es el único ser capaz de tropezar dos veces con la misma piedra pero yo creo que es decisión nuestra el dejarnos caer de nuevo en el tropezón o, como alguien dijo, convertirnos en piedra. ¿Cuántas veces habéis dicho:" no, a mí ya no me vuelve a pasar" y no habéis aprendido del error? ¿Y cuántas veces más que una piedra era un bordillo? Como ese bordillo a la salida de tu casa, que sabes que está ahí, que lo tienes que saltar, pero por ir despistado te lo comes, y así todas las mañanas. Que sí, que es verdad que encuentras muchas personas, muchas situaciones que parecen un camino de amapolas y en realidad son piedras camufladas y que sí, que lo que al principio es piedra puede volverse de colores, lo sé. Pero si le das la oportunidad a una piedra de convertirse en flor, pero sigue siendo piedra, ya has tropezado dos veces, no dejes que haya una tercera. Es tuya la elección de seguir haciéndote heridas cada vez que tropiezas, o convertirte en piedra, sin tropezar, inmune a cualquier rasguño que quieran provocar los demás, recuerda, tú eliges.

viernes, 25 de abril de 2014

Y llegó la primavera, y con ella las flores que pintan los días, el cielo azul que parece que nunca se apaga, y fue entonces cuando ella decidió salir a bailar, celebrando que su cielo, al igual que el de la recién llegada primavera, no tenía nubes, con la misma fuerza con la que brilla un arcoiris tras una tormenta.