Nos han vendido desde niños el cuento del príncipe azul, ese que vive en un castillo, cabalga sobre su caballo, va siempre perfectamente vestido...venga, ¿en serio? Vale, lo reconozco, a mí también me vuelve loca "Pretty Woman" y seguramente mataría para que un tío como Richard Gere subiera por la escalera de incendios con su vértigo en una mano y un ramo de rosas en la otra, pero aún así yo me quedo con la parte en la que ella le salva a él.
Ahora pensad en Disney, sin duda la cuna del príncipe azul, y tenemos ejemplos para aburrir: el príncipe que despierta a Blancanieves después de comer la manzana, el que libera a Aurora del sueño provocado por la rueca o el que rescata a Cenicienta de su madrastra, pero, ¿qué me decís de "la bella y la bestia"? él pierde el encanto cuando la bestia deja paso al príncipe, pero mi favorito es Aladín, precisamente porque no es un príncipe.
El príncipe azul ni es príncipe ni es azul. No vive en un castillo, seguramente viva en un piso en el centro con una terraza donde poder pasar las noches de verano o en una casa a las afueras con un pequeño jardín para tumbarte a ver las estrellas; tampoco vendrá en un caballo, tal vez en un coche de segunda mano con tu música favorita, en moto, o puede que en bici y tampoco va perfectamente vestido, llevará el pelo alborotado, unos vaqueros rotos, unas zapatillas desgastadas y la camiseta de su grupo favorito. Y esto, es mucho mejor que lo que nos han querido vender.