No hables, actúa.
No digas "te quiero", demuéstralo; cada día es más fácil decirlo, pero demostrarlo ya es otra historia.
No digas "te extraño" si realmente no lo sientes y lo has convertido en una especie de rutina.
No digas "no puedo", demuéstrate a ti mismo que estabas equivocado, levántate e intentalo mil veces, seguramente puedas aunque tardes en conseguirlo.
No digas "no" si quieres decir "sí", no digas "sí" cuando la respuesta es "no"; y no, no estoy hablando de una boda sino de esos momentos en los que te mueres por decir "sí" y tu subconsciente asustado se niega probablemente fruto de las heridas y los golpes del pasado; en cambio un "sí" que en realidad es un "no" es mucho peor, es una mentira más para el que lo recibe que para el que lo da.
La realidad es que hablamos mucho y demostramos poco y ¿No creéis que todo iría mejor si lo hiciéramos al revés?.
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